“No fueron las razones económicas las que provocaron el resultado electoral adverso para el PRI en el 2000”, afirma Jorge Chávez Presa. El actual gobierno, asegura, ha acabado con la estabilidad macroeconómica que el país apenas comenzó a disfrutar en el sexenio de Ernesto Zedillo. El plan económico del PRI está orientado a conseguir de una manera sostenible los niveles de vida de la población. “Eso cuesta y mucho; debe haber un crecimiento económico impulsado por la competitividad para generar empleo y combatir la pobreza”. La reforma de la hacienda pública es su “piedra angular”. Le resulta “una vacilada y falta de respeto a la inteligencia” sugerir que con la sola reducción de sueldos a funcionarios se disminuirá el gasto corriente. “Necesitamos cambiar la composición del gasto”, asegura. No sólo se trata de impuestos. “Para el pan la reforma fiscal fue el IVA en alimentos y medicinas al 15%”, y el PRI apuesta a cambios integrales que no sólo contemplen la reducción de tarifas y la simplificación administrativa, sino gasto y deuda públicos, ley de presupuestos, contabilidad gubernamental, transparencia y rendición de cuentas. El gasto fiscal es de 9.2% del PIB con una carga tributaria muy baja por evasión de alrededor de 40%. Su meta es reducir este gasto y simplificar las declaraciones: que el fisco haga las operaciones y la persona reciba su declaración y la firme. A diferencia del pan, el PRI propone un esquema para personas morales y otro para las físicas, pero igualmente competitivas. Y para que la reforma sea exitosa, descentralizar el sistema fiscal. “98.7% de todos los impuestos los define el Congreso y los recauda el gobierno federal. En EU, Canadá y Alemania la proporción es de 50%”. |