“Si no estás en todas partes, no estás en ningún lado”. Bajo esa filosofía Nueva Zelanda desarrolló una nueva mentalidad en sus universidades y empresas. Ahora buscan compartir con América Latina su modelo para tener un desarrollo conjunto. “Somos lo suficientemente similares para sentirnos cómodos y tan diferentes para ser interesantes el uno para el otro”, dice Carl Worker, director de la sección América de la cancillería de este país. Nueva Zelanda tiene menos de 4% de desempleo y 86% de sus empresas no llegan a cinco empleados. Para los neozelandeses la prosperidad inició en los 90, al transformar su sistema científico-tecnológico. Hoy su producción de vinos creció en exportaciones de menos de 10 mdd a 400 millones en una década. Del mismo modo, el país domina 30% de las ventas globales de lácteos, produce soluciones tecnológicas y atrae a socios de riesgo para invertir en desarrollos de punta. La biotecnología agrega 400 mdd cada año a su economía. Con 8,000 investigadores y ocho universidades, Nueva Zelanda invierte 1.61% de su PIB en investigación, y quiere aumentar ese porcentaje. Mientras tanto, cultiva la ciencia aplicada. La Universidad de Auckland creó en 2000 Uni Services, una agencia que apoya a emprendedores. Para estimular la innovación usa la ley de los tercios: 33% de las ganancias de los desarrollos tecnológicos son para el científico, otro 33% para la universidad y el mismo porcentaje para la agencia. En Nueva Zelanda, la inversión privada en investigación aumentó 50% en los últimos cuatro años, y la oficial, 50% en los pasados cinco. |