Paolo Rocca, presidente del grupo de origen italo-argentino Techint, subió al estrado de la Bolsa de Nueva York y cumplió con todos los rituales de Wall Street. Antes que nada le regaló a las autoridades de la bolsa neoyorquina un libro con fotos de estancias campestres en Argentina. Luego tocó la campanilla para dar inicio a la oferta pública de 24.8 millones de ADS (American Depositary Shares) Ternium, el gigante siderúrgico formado con las operaciones de Hylsamex, la argentina Siderar y la venezolana Sidor. Poco después, los principales ejecutivos de Ternium, en otro gesto simbólico, compraron las primeras 100 acciones. Cuatro meses después de aquel debut, Rocca puede sentirse satisfecho. Ternium cumplió con creces el objetivo fijado y logró recaudar 527.9 mdd tras esa colocación . Aunque quizás, aquel libro con imágenes sudamericanas hoy lo hubiera cambiado por algo más alusivo a mariachis, charros y tequila. ¿La razón? Hylsamex se está transformando en un engranaje clave en la estrategia de Ternium. A tal punto, que buena parte de las sinergias alcanzadas por el gigante siderúrgico (con ventas anuales por 5,000 mdd) convergen en la firma mexicana. “Hylsamex está recibiendo planchones de acero de Venezuela a un costo bajo para luego convertirlos en producto final en México”, dice Edmo Chagas, analista de UBS Warburg, en Nueva York. “Y los planes pasan por continuar utilizando más materia prima desde Venezuela y, tal vez, Argentina para apoyar la producción en México”. La estrategia es clara: sacar rédito tanto de la capacidad de Hylsamex para elaborar productos de valor agregado como de los altos precios del acero en el mercado mexicano, donde la empresa destina 80% de sus ventas. De hecho, mientras en el primer trimestre de 2006 el ingreso por tonelada despachada en Centro y Sudamérica cayó 2% versus el último trimestre de 2005, en Norteamérica subió 4%. |