Con un nudo en la pantalla

Este año, el cine mexicano producirá más de 70 filmes y tratará de sentar las bases de una industria, sólo falta un detalle: Hollywood ocupa 91% de las pantallas disponibles.

por: Sara Brito

En mayo, la noticia de que el mexicano Alejandro González Iñárritu fue el mejor director del Festival de Cine de Cannes, por su filme Babel, dio la vuelta al mundo. De inmediato la distribuidora Universal International Pictures (UIP) mandó a hacer 400 copias y dispuso todo para aprovechar el impulso mediático para el estreno de la película, pero de repente el plan quedó en suspenso.

¿Qué ocurrió? Nada. Sólo se atravesó la lucrativa temporada de verano, la más lucrativa del año (junto con las vacaciones navideñas), que las distribuidoras de Hollywood aprovechan para lanzar las películas de las que esperan mayor rentabilidad. Con todo y su premio, Iñárritu tendrá que aguardar al 27 de octubre para el estreno de Babel, filme que cierra la trilogía que inició con Amores perros y 21 gramos.

La suerte de González Iñárritu ejemplifica a la perfección el gran cuello de botella que vive hoy el cine mexicano: en 2005 se produjeron 53 películas (suficientes para programar por lo menos un estreno cada semana) y este año se espera completar más de 70 cintas mexicanas. El auge se explica por la aprobación de una reforma a la Ley del Impuesto sobre la Renta (ISR) que otorga 10% de deducibilidad a las empresas privadas que cofinancien cine nacional.

El optimismo por esta medida ya recorre algunas instancias gubernamentales: “Éste es el regreso del cine mexicano a la producción industrial”, señala Víctor Ugalde, director de Fidecine, uno de los dos fondos estatales de apoyo financiero al cine mexicano. Sin embargo, de los 279 filmes que se estrenaron el año pasado sólo 26 (9%) fueron títulos mexicanos, el resto quedó en la larga lista de espera para acceder a una pantalla. Este año, más de 70% de las cintas realizadas se sumarán a esa cola.

La pregunta que se hacen los realizadores es si en realidad hay bases para que el cine mexicano sea una industria o sólo será una llamarada que se extinguirá con el tiempo por la cantidad de filmes enlatados que no podrán llegar a las salas de exhibición.

Richard Ham y Nicolás Rubio, socios de la distribuidora de cine mexicano Decine, ponen el dedo en la llaga: “El cine mexicano es una cadena que requiere de eslabones muy firmes, no es como lo que viene de Hollywood, que todo se consume… Se pueden hacer 100 películas, pero si no se recupera lo invertido, no hay industria que se sostenga”, apuntan.

“Está aumentando la producción, pero sin ventanas”, señala Lourdes Gómez, de la productora regiomontana Mitote Films.

No sólo se trata de que dejen de estrenarse alrededor de 20% de las películas que se producen, sino de la poca permanencia en salas del cine nacional que ronda las tres semanas, en el mejor de los casos.

En efecto. En México, las distribuidoras de los grandes estudios de Hollywood gobiernan sobre las pantallas. Son estas compañías (Sony-Columbia, UIP, 20th Century Fox, Warner Bros, BuenaVista International) las que determinan, en acuerdo con los propietarios de los cines (exhibidores), qué filmes se programan, en qué fechas y cómo se reparten el porcentaje de los ingresos de cada nuevo título que llega a las salas del país. ¿Estarán dispuestas a soltar el control del cine a favor de las producciones nacionales?

Auge o sobreoferta
Aunque subieron las producciones realizadas, 2005 fue un año que se calificó como desastroso para el celuloide nacional. De los 162.5 millones de espectadores que acudieron a las salas de cine del país, sólo 4.3% (unos siete millones) vieron los 26 filmes mexicanos que tuvieron una corrida comercial, lo cual arrojó ingresos de 242 millones de pesos, 20% menos que en 2004, cuando se registraron nueve millones de espectadores para únicamente 18 películas, de acuerdo con un reporte de AC Nielsen Edi.

En lo que va de 2006, se estrenaron en promedio dos filmes nacionales por mes, que atrajeron a 5.8 millones de personas, con títulos como Hijas de su madre: Las Buenrostro, de Busi Cortés; Un mundo maravilloso, de Luis Estrada, o Bienvenido paisano, de Rafael Villaseñor.

Las expectativas para el final del año superan con mucho los resultados de 2005. Sin embargo, buena parte del mérito se debe a la cinta animada Una película de huevos, vista por más de 3.8 millones de personas que dejaron 138 millones de pesos en las taquillas, en sólo seis semanas.

Pero, de lo recaudado por el filme de Huevocartoon, hay que bajar hasta 33 millones recolectados por Bandidas, y 26 millones de Un mundo maravilloso. “El resto de las cintas estrenadas en lo que va de 2006 no supera los 5 millones de pesos en taquilla”, señala Mario Moros, analista de AC Nielsen Edi.

En lo que resta de 2006 se estrenarán 19 filmes mexicanos, nueve de ellos en septiembre, ocho en octubre y uno más en cada uno de los meses restantes.

Christian Valdelievre es el productor de Sólo Dios sabe, que abrirá el próximo 15 de septiembre. Para él, la abundante oferta de cine mexicano actual “generará el hábito en el público de ver que en las carteleras, cada semana, habrá una nueva película mexicana, así como ocurre con las producciones extranjeras”, declaró recientemente a un diario.

En cambio, el cineasta Daniel Gruener, que estrenará en octubre la comedia Morirse en domingo, piensa que el exceso de oferta canibalizará la audiencia: “Habrá mucha oferta, y luego se van a quitar espacios en el mayor número de pantallas posibles”, comenta.

En efecto. En los últimos dos años, la oportunidad de una película para recuperar su inversión se reduce cada vez más. Los productores de cine (vía las compañías que distribuyen sus filmes) han creado una espiral que atenta contra la vida comercial de las películas: cada semana se estrenan más filmes, que de no completar una cierta cuota en la taquilla (fijada por exhibidores y distribuidores) sale inmediatamente de la cartelera. Así, impulsan a los productores a tratar de que sus cintas se estrenen con un número cada vez mayor de copias, pues de esta manera tienen más oportunidad de robar ingresos al cine estadounidense.

El año pasado, la cinta mexicana Voces inocentes, dirigida por Luis Mandoki y distribuida por 20th Century Fox, se estrenó la última semana de enero (una pésima fecha, según los analistas) con 301 copias y obtuvo 1.6 millones de asistentes y 56 millones de pesos. La misma distribuidora estrenó, en abril de 2006, la producción de su casa matriz, La era del hielo 2, con 750 copias en 1,083 salas de cine (de las poco más de 3,500 existentes en el país); en cinco semanas obtuvo 9.2 millones de entradas vendidas que le reportaron 322 millones de pesos. ¿Casualidad?

Píldoras para una crisis
En México, los productores de cine han intentado varias fórmulas para contrarrestar el embate de Hollywood.

La Ley Federal de Cinematografía aprobada en 1946 (durante la época dorada del cine nacional) obligaba a que por lo menos 10% del ‘tiempo de pantalla’ se destinara al cine nacional. La norma se dejó de cumplir debido a la escasez de contenidos hacia finales de los años 80. En 1992, una nueva ley cinematográfica liberó la obligación y una reforma más, en 1996, retomó la consigna cambiando la palabra “debe de” por un laxo “debe promover” la cuota de 10% de las pantallas dedicadas al cine nacional.

Tras años de cabildeo, a principio de 2006, la comunidad cinematográfica nacional logró que el Congreso reformara el artículo 226 de la Ley de ISR para permitir que las empresas privadas inviertan en producción de cine en México. Las compañías pueden hacer deducible 10% del monto de lo que aporten a una película, siempre y cuando esto no rebase 80% del costo de un filme o 500 millones de pesos, como tope máximo permitido por la legislación.

El incentivo animó a varias empresas para invertir en el cine. Arca, la embotelladora de Coca-Cola y fabricante de Topo Chico en Monterrey, financió con 11.7 millones de pesos a Mitote Films para realizar Entre caníbales. En tanto, el empresario Eugenio López Alonso, accionista de Jumex, respaldó con 10 millones de pesos para la publicidad de Así del precipicio, de la productora Agárrame el Barandal y que distribuirá Videocine (Televisa). Organización Ramírez (Cinépolis) también puso 22 millones de pesos del presupuesto de ese filme, pues “nos interesa que haya más y mejor cine mexicano”, comenta Alejandro Ramírez, director general de la cadena de salas que ya antes financió cuatro proyectos fílmicos.

Por ahora, los proyectos que están en proceso de negociación con diferentes empresas y se han remitido a Fidecine son: Historia de un gran equipo, de Imagination Films; Malverde, producida por Indifilms; Cuentos del tío Nando, de Animaciones artísticas; Propiedad ajena, de Hiparión; Angel caído, de la productora La última y nos vamos; y Oro, el hijo de Calavera, de El hijo de Calavera.

Incluso así, el cine sigue siendo dependiente del Estado. De los 53 filmes realizados en 2005, 79% fueron financiados, al menos en parte, con recursos del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y/o de los fideicomisos, el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine) y el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine).

Por otra parte, el incentivo fiscal tampoco resuelve el problema de la rentabilidad de los filmes. La cadena de reparto de las ganancias en exhibición es uno de los escollos para que las productoras puedan recuperar lo invertido. “Esto hace que se acreciente el riesgo común de toda inversión cinematográfica”, comenta Víctor Ugalde, de Fidecine.

De cada peso de ingreso en taquilla, el exhibidor se queda con 50 a 60 centavos, el distribuidor toma entre 25 y 30. Al productor del filme sólo llega lo que reste (12%, en promedio) de donde debe pagar el precio de las copias y la promoción publicitaria, que en un inicio costea el distribuidor, es decir, su margen de utilidad –si lo hay– se reduce a 3 o 4%, con el que puede decidir si inicia otro proyecto que, en promedio, implica inversiones de 15 a 20 millones de pesos, o se olvida del cine para siempre.

Un mercado saturado
Las condiciones reales son otras. El verdadero nombre del juego es competencia. El cine mexicano, con su escasa publicidad y bajo presupuesto, debe jugársela en la pantalla frente a la inundación publicitaria de las grandes producciones de Hollywood.

La inversión en publicidad y las estrategias imaginativas e innovadoras en mercadotecnia son algunas de las acciones con las que debe jugársela la cinematografía en México, dice Enrique Sánchez Ruiz, catedrático de la Universidad de Guadalajara.

El año pasado se estrenaron 288 títulos, y este año se cerrará por arriba de 300, estima la vocal de Canacine y directora de programación de Cinemex, Alma Rosa García. “Este enorme flujo de estrenos hace difícil que una película pueda permanecer muchas semanas en pantalla”, comenta.

La construcción de más salas de cine no ha sido un problema. “Éste es uno de los países donde más se está invirtiendo en crear y mejorar la exhibición”, dice García.

Sólo este año se han abierto 134 nuevas pantallas. El negocio de la exhibición en México generó el año pasado 5,696 millones de pesos, de los que alrededor de 50% pertenecen a Cinépolis.

“A no ser que el año empiece a tener más de 52 semanas, no se va a poder dar lugar al cine que no venga de los grandes estudios”, comenta irónicamente Nicolás Rubio, de Decine.

Por ahora, nada indica que las distribuidoras estadounidenses quieran modificar sus mecanismos empresariales. Para 20th Century Fox, el problema es el escaso interés por las producciones mexicanas “es una simple cuestión de ofertas y demanda”, señala José Juan Hernández, director para América Latina de la distribuidora hollywoodense.

“Hay que apostar por temas y tratamientos más universales, el cine mexicano peca de local. Hace falta hacer ciencia ficción, más animación, lo que se conoce como cine de género y dar variedad al público”, comenta Hernández

Rodolfo Rivas, productor de Una película de huevos, que se estrenó con 460 copias, revira: “No todos podemos ser Tarkovsky, simplemente hay que hablarle al público e intentarlo de diversas formas”, asegura. Aunque, aclara, la competencia no es igual y ganar dinero con cine en México “cuesta un huevo”, bromea.

Para las autoridades no hay nada irregular. Según confirmó a Expansión la Comisión Federal de Competencia, hasta ahora nunca se han recibido denuncias o se han iniciado investigaciones por ‘cartelización’ o prácticas monopólicas de parte de las distribuidoras cinematográficas estadounidenses en México.

Las distribuidoras, también llamadas majors, están asociadas en un organismo denominado Motion Picture Association, que en representación de los intereses de la industria audiovisual estadounidense cabildea ante autoridades y empresas que el statu quo de la industria en México no cambie o tenga mejoras a su favor.

Por ejemplo, para aprovechar el incentivo, las distribuidoras de Hollywood empezarán a producir cine mexicano. Columbia Pictures comenzó el rodaje, el pasado abril, de Niñas mal, de Fernando Sariñana; Buena Vista producirá Cansada de besar sapos, ópera prima de Jorge Colón que se estrenará en diciembre; y Warner Bros estrenará en septiembre Efectos secundarios, de Issa López, la guionista de Ladies’ Night.

Por lo visto, el cine mexicano tendrá que rezar por dos milagros: esperar a que el fenómeno de Una película de huevos se repita cada vez con mayor frecuencia o bien, esperar a que las fuerzas del mercado (es decir, el público) prefieran las cintas mexicanas a las extranjeras, o que las regulaciones del sector permitan condiciones de competencia más equitativas, que hagan posible hacer del cine mexicano una verdadera industria.

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