Los astros se alinearon por una vez. El sector inmobiliario vive el principio de una gran era de expansión gracias a las tasas de interés de un dígito, la liquidez internacional y el crecimiento gradual pero constante de la clase media mexicana. Las inversiones superan los 1,200 millones de dólares al año y esto sólo es el principio, porque hay mucho espacio para crecer. Las empresas de tecnología necesitan suelo donde poner fábricas de televisores; las de retail, espacio urbano para levantar almacenes donde se vendan esas pantallas; las desarrolladoras, el lugar donde edificar las viviendas en las que habitarán los que las compran. Por qué no hablar de los centros turísticos, hospitales, escuelas, aeropuertos y, además, carreteras... es el arranque de un movimiento en busca de tierra y de cómo rentabilizarla, en el que se están posicionando grupos estratégicos de cuatro tipos: los fondos de capital que quieren su parte del pastel, los desarrolladores locales que tienen tierras y conocimiento del mercado, los constructores que edifican, y las entidades financieras que financian este auge. Lo más interesante es que de este empuje pueden beneficiarse los ejidatarios más modestos, si están ubicados en un área estratégica, o los propietarios de una gran extensión de terreno. Si usted es dueño o socio en algún predio de 50,000 metros cuadrados en las afueras de una ciudad de tamaño medio, felicidades: es su oportunidad. |